
No aprendí esto en un aula.
Lo aprendí en la trinchera.
22 años como hostelero. Esta es mi historia de cómo pasé de trabajar como bartender en Bariloche a construir un hogar para miles de viajeros — y por qué eso me da autoridad para ayudarte con el tuyo.
2004
Abrí Pangea, mi primer hostel en Buenos Aires, con cuatro compañeros de la facultad de Turismo.
2010
Me mudé a Bariloche y compré el fondo de comercio de Achalay.
2011
Erupción del volcán Puyehue. 8 meses de aeropuerto cerrado.
Hoy
Presidente de la Asociación de Hostels de Argentina. Achalay funciona sin mi presencia diaria.
Antes de Achalay existió Pangea
Me recibí de licenciado en Turismo y, en 2004, abrí mi primer hostel en Buenos Aires con cuatro compañeros de la facultad. Se llamaba Pangea. Éramos cinco socios, ninguno sabía demasiado, y aprendimos el oficio de la única manera en que se aprende: con huéspedes adentro.
Estuve seis años ahí. Fue donde entendí que un hostel no se elige por la cama que ofrece, sino por lo que sucede alrededor de ella.
Bariloche empezó con un fondo de comercio y una corazonada
Me mudé en 2010. Flor, la mamá de mis hijos, laburaba en el Yao y yo trabajaba de bartender en el NH. Venía de seis años de Pangea: ya sabía que quería seguir en este rubro, solo faltaba el lugar.
Después de la temporada de invierno, surgió la posibilidad de comprar el fondo de comercio de Achalay. Entré antes de comprarlo y ya sentí que ese era el lugar. Me sentí en casa.
Cerramos los números con el dueño anterior y empezamos a trabajar. Al principio hacíamos todo. Absolutamente todo.
Un volcán, una pandemia y seguir eligiendo esto todos los días
Lo primero que delegamos fue la limpieza: contratamos mucamas para que el hostel esté más limpio y poder dedicarnos nosotros a estar ahí para la gente.
Y el hostel fue creciendo. Pero también vinieron los golpes.
Explotó un volcán. Nació nuestra hija. Ocho meses sin aeropuerto. Tuvimos que reconstruir una habitación que se había caído por la ceniza. Fue duro, pero siempre estábamos contentos de recibir gente, de ser anfitriones de todo el mundo, de aprender y de enseñar.
Después vino la pandemia. Alojamos gente que había quedado varada. La sacamos adelante con mucho amor por lo que hacemos.
Achalay es familia

Achalay se convirtió en un hogar lejos de casa para un montón de personas. Ese eslogan — "Achalay es familia" — lo eligieron los propios huéspedes. Y creemos que es así.
Un hostel hecho por viajeros y para viajeros, con un ambiente familiar donde cualquiera puede venir con sus hijos y sentirse parte de algo genuino.
El hostel se agrandó con la casa de atrás en 2021. Se hizo parte de la comunidad: ayudamos a merenderos, nos pusimos a disposición durante los incendios en la Patagonia. Muchos de los que fueron huéspedes hoy son vecinos, amigos o emprendedores a los que ayudé a arrancar.
Yo creo que Achalay es un hostel que muchos quisieran tener. No por los números, sino por la energía. Eso es lo que 15 años de hacer las cosas con amor construyen.
Hoy Achalay funciona sin que yo esté ahí todos los días, mientras camino la montaña, doy charlas y acompaño a otros hosteleros. No porque me fui — porque construí el sistema para que funcione sin que yo esté mirando cada detalle. Eso es lo que te voy a enseñar a construir en el tuyo.


Lo que me respalda
- Fundé la Asociación de Hostels de Argentina.
- Durante 11 años fui presidente de la Asociación de Hostels y Campings de Bariloche y Zona Andina.
- Escribí el protocolo COVID del sector.
- Trabajé con el ente de promoción turística.
- Soy licenciado en Turismo, me formé en coaching ontológico y escuela de negocios.
- Viví y trabajé en el exterior antes de instalarme en Bariloche.
- Hablo idiomas y trabajé en empresas de primer nivel tanto afuera como dentro del país.
Durante 15 años ayudé gratis a colegas hosteleros.
Lo hice porque me di cuenta de que les podía ahorrar tiempo y mucha plata. Pero también me di cuenta de que no podía seguir haciéndolo sin estructura.
Esta mentoría es eso mismo: la misma vocación, ahora con un programa real para hacerlo bien y con más gente al mismo tiempo.
Mi objetivo es simple: que cada vez más gente pueda vivir de lo que le gusta. Si todos vivimos de lo que nos gusta, tenemos un mundo mejor. Estoy convencidísimo de eso.
Si te gusta el hostel, yo te ayudo a que puedas disfrutarlo sin que te queme.
"Mejor hecho que perfecto."
La frase que me marcó y que hoy le repito a cada hostelero que me dice que no es el momento.
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